Ticos en Liubliana

Una de las cosas curiosas que suceden al viajar sola, es tener lejos a la gente con quienes compartes nacionalidad. Y todo lo que eso significa.



En mi caso, como buena tica, que entiendan que quieres desayunar con gallopinto (con Salsa Lizano), comer tortilla (de maíz) y tomar café (de tu país), que la fruta la preferimos en un buen batido o en fresco y que el almuerzo es tipo casado o una olla'e carne

Que es difícil encontrar un café con buen sabor, como al que estás acostumbrada, y que, el que ellos toman en realidad es de otra calidad aunque le llaman bueno. 

Por cierto, esos son mis antojos usuales, cada vez que regreso al país.

Que das un beso en la mejilla (derecha) para saludar y otro para despedirte también, así sea que la conversación haya durado tan solo unos segundos. Que "costarricense" es una palabra muy larga y preferimos llamarnos ticos.

Que decir "pura vida" calza en cada frase. Que "chunche" sustituye perfectamente a cualquier palabra. Que estamos ubicados en Centroamérica y que no somos parte ni de Suramérica ni de Norteamérica, y que somos un solo continente (esa se las trae... porque solo los latinoamericanos sabemos que así es). 

Y tantas otras cosas más, que solo nosotros entendemos.

Por lo que es natural, creo yo, sentir emoción al encontrarse a otro tico o tica al estar fuera del país. Además, que somos un país pequeño y pues como que no abundan los ticos en otros lugares.

Siempre llevo por fuera de mi mochila algo que diga Costa Rica o Pura Vida, una cinta con los colores patrios. Una camiseta que dice Mae o Tuanis. Una gorra roja que dice CR. Una pedazo de tela de bandera... El asunto es de identidad.

Pues, igual es identificable para una si alguien más luce algo parecido... Y me pasó en Ljubljana, capital de Eslovenia, en mi última tarde en esa bella y miniatura ciudad, cuando caminaba hacia la plaza central del lugar, frente a la iglesia.

Vi a un sujeto que llevaba una bandera tica, bastante visible. Cuando me acerqué le dije, en español, "Yo conozco esa bandera", y él me respondió, ignorando aún que compartíamos nacionalidad, "De Costa Rica".

De inmediato nos presentamos y empezamos a conversar, él era el guía de excursión de un grupo grande de ticos, unos 15 o por ahí, viajando por Europa del Este; que en seguida se fueron acercando. Unos de Heredia, otros de Tibás, otros, como yo, de San José. 

Venían llegando ese día y estarían por varios, de mi parte era mi último día y al día siguiente me marcharía.

Hasta me prestaron la bandera y me tomaron una foto con ella. Me hicieron el día... ¡Al chile!...

¡Pura vida, maes!