Propuesta de matrimonio en Budapest

Conocí Budapest de día... pero me enamoré de noche.

¿Cómo no enamorarse, Budapest?



La ciudad, capital de Hungría, centro del renacimiento, es famosa por mantener su belleza arquitectónica de tiempos de glorias pasadas en eras modernas y con toda razón, cada edificio a cada paso en cualquier dirección, presenta grandes detalles y finos acabados; y contiene varios sitios Patrimonio de la Humanidad.

Nombrada como una de las ciudades más bellas de Europa, es un lugar bonito por todas partes, de modo que te encanta o te aburre; depende de la perspectiva del visitante puede ir del esplendor de cada edificación a la monotonía de creer que todo es lo mismo y repetido.

De día podría tener esa disyuntiva, pero de noche hace palpitar el corazón a otro ritmo, todo es majestuoso y luminoso, grandioso y espectacular, y yo simplemente... me enamoré. Sentía que me faltaba vista (aunque tengo visión perfecta y no requiero lentes), que mis ojos no eran suficientes para ver tanto, que mi cámara no lograba capturar la esencia de lo que en realidad veía. Sentía que el oxígeno recorría de diferente forma y mi cuerpo e inevitablemente me hacía suspirar.

Quería sentir que el tiempo era etéreo, que cada momento fuera eterno para disfrutarlo por siempre y que la sensación que embargaba mi corazón no era otro sino felicidad en su máxima expresión. Me sentía flotando en una nube en lugar de caminar, como sienten los enamorados al compartir el espacio en su propia burbuja, en una noche mágica simplemente por verse uno junto al otro, donde el resto del mundo parece desparecerse sin ni siquiera notarlo.

¿Cómo no enamorarse, Budapest?

El paseo por el borde del gran río Danubio muestra varios puentes, iluminados magistralmente cada uno en su diferente arquitectura, grande, imponente, hermoso. Caminé por varios y todos me encantaron, pero uno lo recordaré siempre como el más especial, el puente "blanco" le llamé. 

Es un puente suspendido, que tiene dos grandes arcos triunfales que sostienen el resto de la estructura colgante. Su nombre húngaro es Széchenyi lánchid (Chain Bridge) y se extiende desde Buda (el lado oeste) hasta Pest (el lado este), siendo el primero de todos y una maravilla de la ingeniería del mundo moderno desde 1849. Es algo así como el famoso puente de Brooklyn en Nueva York, Estados Unidos.

Justo en la primer parte del puente, en el primer arco, el paso peatonal pierde su línea recta y bordea la columna, se quiebra para seguir la misma forma exterior y recuperar luego la rectitud, justo ahí, en el ángulo de una pequeña esquina en medio de la inmensidad del colosal puente que luce de blanco, justo ahí... estaba él, sobre una de sus rodillas, como en los cuentos de hadas, abriendo una pequeña cajita que contenía un gran obsequio, un anillo, que ella recibió con emoción.

No sé sus nombres, ni sus nacionalidades, ni siquiera su idioma, su edad, su historia, solo sé que compartí ese momento tan especial con ellos sin que ni siquiera lo notaran. Pasé junto a ellos en el momento en que ella aceptaba su propuesta con un beso.

¿Cómo no enamorarse, Budapest?